Érase una vez una niña que estaba sola en el mundo. He olvidado el resto
del cuento, pero recuerdo el terror contenido en esa frase. Con
literalidad infantil, me imaginé a mí misma en un planeta vacío bajo las
heladas estrellas. Más que ningún otro relato de miedo, la imagen de
ese páramo y de ese desamparo nutrió las pesadillas de mi niñez. Tal vez
el temor al abandono alimenta la necesidad universal de pertenecer a un
grupo, a un equipo, a un partido, a una familia sanguínea o elegida.
Nos mueve el anhelo febril de adhesiones. Incluso las rebeldías,
conspiraciones y nihilismos buscan el calor de un clan disidente. Cuanto
más incomprendido sea el rasgo compartido, más une.
lunes, 12 de febrero de 2024
USA
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